|
Sus Virtudes
¿Qué nos enseña San José para nuestra Vida Cristiana?
Tratar de ahondar en las virtudes de San José como modelo de Vida
Cristiana y acercarnos a su "fisonomía espiritual" requiere de un
trabajo difícil y extenso. Esta página tan sólo pretende esbozar
brevemente las virtudes que brotan de San José para nuestra vida
cristiana.
No es un simple aplicar las virtudes que consideramos debe tener un gran
santo, es profundizar en el "en sí" de su realidad, basados siempre en
las luces que nos ofrecen la Tradición, la Escritura y el Magisterio de
la Iglesia.
Aprendamos pues algunas de las virtudes de este gran santo y cómo
aplicarlas para nuestra vida cristiana:
No Hace Juicios Temerarios
Indiscutiblemente, San José durante toda su vida se vio enfrentado a
situaciones que lo desbordaban, que no entendía por completo; sin
embargo su actitud lejos de ser soberbia es, por el contrario, humilde y
reverente.
Si bien no comprende todo lo que está pasando, San José no hace juicios
temerarios ni reproches; no recrimina nunca a Dios por no esclarecerle
todo lo que estaba ocurriendo, no se siente con "derecho" de pedir
explicaciones. Su actitud es más bien todo lo contrario: el santo varón
confía, y ¡cómo lo hace!, ante las situaciones misteriosas que
obviamente lo sobrepasan José se muestra confiado, pues él sabe en Quien
ha puesto su confianza.
Ante el hecho de la encarnación virginal de María, José no lanza juicios
inculpatorios, su confianza en María es plena, cayendo más bien al
inicio en la indecisión, en la sorpresa, en el desconcierto, antes de
realizar algún juicio contra María. Busca la salida apropiada, pero no a
costa de María, ni de su propia integridad, una salida justa que busca
prudencia en el juicio, y la objetividad.
San José es pues para todos nosotros un modelo de hombre prudente; no
juzga las situaciones que no entiende, no da lugar en su interior a
cavilaciones inútiles, ni trata de abarcar con su entendimiento todo lo
que esta ocurriendo. Y es que, indiscutiblemente, José no mide la
realidad de acuerdo a los criterios del mundo; todo lo contrario, estaba
siempre abierto al plan de Dios y confiaba plenamente en él. Es modelo
de respeto a la persona, a la honra ajena. Es un modelo para todos los
hombres de hoy, en especial para los matrimonios que tan frecuentemente
se ven sumergidos en tantas inútiles y no pocas veces absurdas
contiendas que resquebrajan e hieren la confianza, que hieren la
dignidad de uno de los cónyuges, que levantan una polvareda que va dando
un testimonio desastroso ante los hijos.

Un Hombre de Fe Ejemplar
Cuando nos acercamos a la figura de San José nos encontramos
indudablemente ante un hombre de fe, un hombre que durante toda su vida
confió siempre en el Señor.
Ante las palabras del ángel, en lo que el Papa Juan Pablo II llama la
"anunciación nocturna", José no vacila, sino que, movido por su fe
inquebrantable, se lanza a la inmensa aventura de hacer lo que Dios le
pedía. San José es pues, al lado de nuestra madre María, un modelo de
fe, que nos muestra como ésta es un camino de realización personal y de
plenitud. Toda su vida y sus conductas se basan en esta virtud.
El santo varón nos enseña también como la fe es un don al que hay que
acoger con reverencia; su cercanía al Señor Jesús y a Santa María lo van
educando en la fe durante toda su vida, educación que el Santo custodio
del Señor sabe acoger en su corazón mediante el silencio y la escucha
reverente.
Profundizando en la fe de José, vemos que ésta no se queda en una mera
adhesión teórica o racional, tampoco en un puro sentimiento, ni en un
quehacer sin ninguna referencia a lo trascendente. La vivencia de la fe
en San José nos muestra cómo la fe auténtica es una fe de mente, de
corazón y de acción; por todo esto San José es pues, para nosotros los
cristianos, un modelo de fe integral.

Obediencia Paradigmática
"En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e
ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y
otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras".
Si bien estas palabras fueron dichas por el Señor Jesús dirigiéndose a
Pedro, al ver la actitud obediente de San José nos encontramos con un
hombre que supo también vivirlas con total radicalidad. José, por encima
de sus propios planes, busca entregarse totalmente al Plan de Dios,
"extiende" sus manos y se pone en las manos del Padre.
La obediencia de San José es un modelo para todos nosotros:
permaneciendo atento al plan de Dios, acoge lo que el ángel le anuncia y
pronuncia su propio "sí". La obediencia lo lleva también a partir con
prontitud a Egipto en medio de la noche y las dificultades, también la
vivencia de esta virtud lo mantiene durante toda su vida fiel al Plan
del Padre, atento a salir al encuentro de todas las necesidades de Santa
María y del Señor Jesús.
José es pues, un modelo paradigmático de obediencia, de entrega sin
medida a Dios, de donación total. San José nos muestra a los hombres de
este siglo, instalados en falsas seguridades y cerrados sobre nuestros
propios caprichos, que la obediencia vivida con prontitud y generosidad
es un camino que plenifica y dignifica a quien lo sigue y que todos
estamos llamados a recorrer.

Plena Disponibilidad
Es realmente cuestionante ver la prontitud y la disponibilidad con las
cuales San José responde al mensajero del Padre en todas las
circunstancias de su vida. Es también muy elocuente ver cómo la
Escritura no nos narra ninguna palabra de este Santo Varón.
Al acercarnos a los pasajes del evangelista San Mateo vemos que, al
referirse a San José, nos muestra su plena disponibilidad narrándonos
sus actitudes: "Despertado José del sueño, hizo lo que el Ángel del
Señor le había mandado..." (Mt. 1, 24); "El se levantó, tomó de noche al
niño y a su madre, y se retiró a Egipto" (Mt. 2, 14); "El se levantó,
tomó de noche al niño y a su madre, y entró en tierra de Israel" (Mt. 2,
21). Así, pues, es tan grande su disponibilidad que el Papa Juan Pablo
ll la asemeja a la de María.
Sin embargo esta disponibilidad de José no nace de la noche a la mañana,
no es algo que surge de un día para otro. Por el contrario, San José
durante toda su vida va educándose en la libertad, despojándose de todo
lo que lo pudiera atar o limitar para cumplir con santa eficacia el
designio divino.
Mirando, pues, a San José nos damos cuenta cómo la disponibilidad es una
actitud que estamos todos llamados a vivir, sin importar cuál sea
nuestra vocación particular.

San José: Un Varón Justo
El término justo en el lenguaje bíblico tiene una amplia connotación, la
cual se refiere a una persona que vive su vida en torno a Dios,
confiando en Él. Un varón justo es aquel que cumple los preceptos de
Dios, los preceptos religiosos, que más que un legalismo civil son unos
medios para adherirse a Dios y ser fiel a Él.
Los sacrificios, las obligaciones, y las virtudes propias del hombre
Judío deben llevarlo a un encuentro con Dios. Durante la historia del
pueblo de Israel, los hombres estuvieron esperando la realización de la
promesa de Dios, especialmente cuando la promesa se concreta en la
espera del Mesías. Los hombres justos eran aquellos respetuosos de Dios,
temerosos de Dios, que cumplían en todo su Plan, y vivían expectantes
esperando la manifestación de Dios.
Cuando el evangelio habla de San José como un varón justo, este adjetivo
engloba toda su realidad, San José es un hombre Justo. "Justo" vendría a
ser como el nombre que expresa su más profunda realidad, así como el
Ángel le dice a María "llena de gracia", expresando la mismidad de la
doncella de Nazaret.Al decir que San José es un hombre justo se refiere
a que es cumplidor de la palabra de la Dios, obedece los preceptos, está
atento a las mociones de Dios, y obedece con prontitud a ellas. Tal como
Simeón, debía esperar la manifestación de Dios, la encarnación del
Mesías. Era un hombre virtuoso. Las virtudes que contemplamos en San
José esposo de María y Padre de Jesús no son gratuitas, el ejercicio de
su libertad lo fue realizando a través de toda su vida, preparándose a
lo largo de ella para esa magna misión.
Para comprender mejor, podríamos asemejar la palabra justo con santo:
justicia es santidad.
Esto nos permite iluminar el hecho de la inicial intención de José de
separarse en secreto de María. Al estar ella en cinta, y siendo el fruto
de su vientre de un origen divino, José decide separarse para no
intervenir en la acción de Dios. Ésa es la actitud –por cierto
respaldada en una antigua tradición– que parece estar más de acuerdo con
la fisionomía espiritual del justo varón, pareciendo poco probable la
hipótesis de que San José decidió separarse de María por dudar de ella
al haber concebido un hijo, lo cual no parecería coincidir con la
"justicia" de José, pues en tal caso –como fiel cumplidor de la ley–
hubiera tenido que denunciarla.
San José nos enseña a vivir la vida en Dios, a tener una visión de
eternidad, una visión sobrenatural de las cosas, así como é,l la actitud
de cumplir siempre la voluntad de Dios.

Sabe vivir ejemplarmente el silencio activo
Los pocos pasajes que nos hablan de José en las Sagradas Escrituras lo
muestran como un hombre silencioso. El silencio que vive José es un
recto ordenamiento de sus facultades que le permite estar atento a las
disposiciones del Señor y acogerlas. José está atento a lo que Dios
quiere, acoge su palabra, y vive en consecuencia con lo que ha
escuchado.
En los dramáticos momentos de la incertidumbre ante la concepción
virginal de María, y su papel en el Plan de Dios lo vemos silencioso,
dócil a las mociones del Espíritu. Ante la inmensa alegría de la
encarnación del Mesías, tampoco lo vemos en una actitud jubilosa de
salir a proclamarlo, a contarle a todos, sino que asume silenciosamente
su misión de Padre y esposo.
En el momento de la pérdida del niño no lo vemos angustiado, haciendo
escándalo, ante el misterio que no comprende; lo acoge, y, tal como
María, atesora todo ello en su corazón.
El silencio de acogida de José lo lleva a escuchar atentamente al Señor
a través de su Ángel, y a actuar de manera rápida ante lo que le pide.
Ese silencio no lo lleva a tener un papel pasivo en la vida de Jesús y
de María, por el contrario, lo lleva a asumir fielmente su papel de
Padre y protector, descubriendo el Plan de Dios en cada circunstancia,
acogiéndolo y obrando en consecuencia. Por ello se le aplican las
palabras del Evangelio referidas a María: "Dichoso aquel que escucha la
palabra de Dios y la pone por obra".
Por último, el silencio de San José nos habla de una profunda vida
interior, de una profunda relación con el Señor en todos los momentos de
su vida, de una permanente presencia de Dios.
Ante los tiempos actuales, tiempo del ruido, de la superficialidad, de
la poca escucha, San José surge como modelo para todos los hombres
enseñándonos cómo el silencio es una camino para alcanzar el señorío de
sí, el recto ordenamiento de nosotros mismos, es una pedagogía de la
voluntad.

Modelo de Desprendimiento
Ante el llamado de Dios, José actúa con prontitud. Todos los proyectos,
los planes que tiene en su vida, ceden ante la misión a la que Dios lo
invita. José acoge con alegría los planes del Señor, sabiendo que la
grandeza de su vida no está en sus planes y logros humanos, sino en la
grandeza de la causa a la cual sigue.
La docilidad con que acoge José las mociones del Señor en cada
circunstancia y la confianza plena con que Dios lo proveerá lo llevarán
a desprenderse de sus proyectos, de sus humanas seguridades, y a
entregarse con toda la generosidad de su corazón al seguimiento del
camino por el que el Señor lo convoca. Así lo vemos al acoger la
invitación del Señor de ser el casto esposo de María; también al partir
para Egipto, para regresar unos años después, viviendo el desapego a las
comodidades, a la estabilidad de quien planea minuciosamente su vida,
por la docilidad de aquel que obedece los designios de Dios.

Modelo de Pureza y Castidad
En la misma línea del desprendimiento ocupa un lugar privilegiado la
castidad perfecta vivida por San José.
El horizonte al cual lo convoca Dios lo lleva a vivir la pureza y la
continencia, así como la templanza. La vocación de custodio del Señor y
de la virginidad de María, dentro del matrimonio, siendo padre y esposo,
es una invitación a vivir también él una castidad perfecta, enmarcada en
su relación donal hacia Jesús y María. Esa castidad perfecta de San José
es custodia permanente del tesoro de la virginidad de María.
San José renuncia por un amor virginal incomparable al natural amor que
constituye y alimenta el matrimonio. En la castidad de San José,
fundamentada en la generosa y total entrega a Dios, descubrimos el
horizonte de la vida célibe, la cual es disposición y libertad de
entregarse plenamente por amor a Dios y su Plan. Además, el horizonte de
la vida casta en el matrimonio; castidad que es donación, respeto a la
otra persona, castidad plenificante que inscribe el amor de los esposos
en el amor de Dios.
San José con su modélica castidad nos señala a todos los hombres, cada
uno según su llamado, el plenificante camino de la castidad que nos
lleva a entregarnos, por amor, a Dios y a los hombres.

Auténtica Paternidad
Ante el miedo experimentado por José al conocer el milagro de la
anunciación-encarnación, y el deseo de apartarse para no entorpecer los
planes del Señor, Dios lo confirma como esposo de María, y le encomienda
la misión de ser Padre putativo de Jesús, lo cual quiere decir que es
considerado como Padre, no siéndolo por la carne, sino por la caridad,
tal como dice San Agustín.
San José es plenamente Padre de Jesús, no sólo por ser el esposo de
María, sino porque Dios le señala que ha de ponerle el nombre al niño
por nacer, dándose con ello, según la costumbre judía, la
responsabilidad paterna. Y asume de tal manera la responsabilidad de
Padre, que tal como nos narra San Lucas, "Para todos era hijo de José"
(Lc. 3,23).
San José asume con total responsabilidad su vocación, cuidando de Jesús
y de María, educando a Jesús, y manteniendo el hogar de Nazaret. Como
dice el Papa León XIII, "José se convirtió en el custodio legal,
administrador y defensor de la Sagrada Familia que estaba bajo su
tutela. Y durante toda su vida cumplió plenamente con esas
responsabilidades y deberes". (Quamquam Pluries, 3).
La paternidad que San José ejerce con Jesús se nutre del respeto y
auténtica reverencia hacia su Hijo (como se muestra en la escena de la
pérdida y hallazgo en el templo), así como de todo el amor que el
corazón de un Padre puede tener.

Padre Trabajador
Vinculado al tema de la paternidad está el de sustentador del hogar. Por
medio del trabajo hace lo necesario para el sustento de la familia a él
encomendada.
La vida cotidiana de San José en Nazaret estuvo dedicada al trabajo. La
vivencia del trabajo de San José es modélica para todos los
trabajadores; de ahí que sea considerado el patrono de todos ellos. En
medio del trabajo tuvo la oportunidad de ejercitarse en múltiples
virtudes como la humildad, la fidelidad en las cosas simples y pequeñas,
adquirir la conciencia del origen divino de los bienes, así como la
profunda reverencia hacia las personas para quienes trabajaba.
San José hacía de su vida cotidiana una liturgia continua; para él, el
trabajo era una excelente ocasión para orar. En medio del trabajo, y por
medio de él se mantenía en una constante presencia de Dios. La profunda
vida interior de San José se desarrolló en su vida cotidiana, en el
hogar y en el trabajo.
En San José se muestra la dignidad del trabajo por más simple que sea,
así como el horizonte de santificación en la vida cotidiana para todos
los hombres, cada uno según la vocación particular a la cual ha sido
llamado.

El Amor a Dios, la Unión con Jesús y Santa María. El Amor a Todos
San José amó a Dios tanto como pudo amar. Es ese amor a Dios el que
sostiene toda su vida. Ese profundo amor se descubre en la docilidad a
las mociones de Dios, en el silencio y reverencia con que las escucha y
acoge. En la obediencia plena, total, hasta el último momento a la
misión a la que era convocado. En la profunda alegría que se descubre en
el cumplimiento de su misión. En la constante presencia de Dios, en la
adhesión a sus designios. Incluso la tradición que habla de la voluntad
de San José de consagrarse a Dios muestra más ese profundo amor. Esa
profunda relación amorosa con Dios lo ayuda así a cumplir con su
vocación de ser la sombra del Padre.
La unión amorosa con Jesús se muestra a través de su reverente
paternidad, la cual según palabras del Papa Juan Pablo II influye en el
amor filial de Jesús, y éste a su vez influye en el amor paterno de
José, originándose una profunda y misteriosa relación de amor entre
ambos.
La unión de José y María fue total. El vínculo matrimonial une de una
manera misteriosa a ambos cónyuges. Su unión espiritual es sólo
perceptible por la unión de cada uno de ellos, desde su propia realidad,
en la participación de los extraordinarios misterios de Dios que les
fueron comunicados y a cuya realización, cada uno según su propio
llamado, fueron invitados a cooperar viviendo la primicia de la fe. La
unidad de José y María lleva a éste a participar de la vida de María,
del misterio de la encarnación, y de todas las virtudes suyas.
La vida de amor de San José, por su perfección misma, se prolonga a
todos los hombres, en particular dada la definitiva universalidad del
gran Misterio de Amor del que se le invita a ser eximio y singular
cooperador, luego de Santa María virgen.
Así como San José es padre del Señor y Custodio de la Familia de Nazaret
por amor, ese mismo amor que se extiende a todo el género humano, va a
extenderse sobre toda la Iglesia bajo la forma de su paternidad. San
José es Patrono de la Iglesia, y protector de ella, como dice el Papa
León XIII "Es, por ello, conveniente y corresponde que así como San José
atendió a todas las necesidades de la familia de Nazaret y concedió su
protección, cubra ahora con el manto de su celeste patrocinio y defienda
a la Iglesia de Jesucristo". (Quamquam Pluries, 3).
 |