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Historia de la Arquidiócesis de Antofagasta

De Vicariato a Arquidiócesis

Era el año 1928, cuando Su Santidad, Pío XI, mediante Bulas dadas en Roma, Italia, el 3 de febrero, erigió en Catedral, sufragánea de la Sede Arzobispal de Santiago, la Iglesia antofagastina, y designó como Obispo y Pastor de la nueva diócesis a Monseñor Luis Silva Lezaeta, el que ejercía, hasta entonces como Vicario Apostólico. La solemne ceremonia de la investidura del nuevo Obispo, tuvo lugar el 5 de mayo de 1928, tomándole juramento Monseñor Carlos Labbé, Obispo Titular de Bida y Vicario Apostólico de Tarapacá.

El día 2 de mayo de 1929, fueron creadas en la Diócesis de Antofagasta, las Vicarías foráneas de Tocopilla, Calama y Taltal. Luego del fallecimiento de Monseñor Lezaeta, ocurrida el 21 de mayo de 1929, la capital de la Segunda región, permaneció cinco años como sede episcopal vacante,, hasta que el 21 de mayo de 1934, tomo posesión Monseñor Alfredo Cifuentes Gómez, quien gobernó la Diócesis en un período de grave depresión, debido al despoblamiento que vivió la región, por el desmantelamiento de gran parte de las oficinas salitreras. Posteriormente, el 8 de junio de 1943, desde Roma, se designó a Monseñor Arturo Mery Beckdorf, como Administrador Apostólico del Obispado de Antofagasta, sede vacante, luego de ejercer su cargo tan sólo un año, tomó possesión de la Diócesis el 17 de marzo de 1945, el ex Obispo de Ancud, Monseñor Hernán Frías Hurtado, permaneciendo en su cargo por doce años. Algunas de las resoluciones importantes que determinó, fue cuando erigió la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, el 2 de febrero de 1947, para atender la gran población obrera del sector Miramar.

igualmente, Tocopilla, había aumentado su población, por ello con fecha 14 de abril de 1948, fue creada en la parte norte de la ciudad, la nueva Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús.

La ciudad de Antofagasta, seguía creciendo, a medida que casas y poblaciones ascendieron a los faldeos de los cerros orientales, nuevas Parroquias debieron ser creadas, así en 1954, se crearon las Parroquias Madre de Dios y Nuestra Señora de Fátima.

En tanto, luego de dos períodos en que la Diócesis se mantuvo con Administradores Apostólicos, tomó posesión canónica del Obispado, Monseñor Francisco de Borja Valenzuela, que tuvo como labor prestar atención a todas las necesidades del servicio parroquial. Por consiguiente, y debido al crecimiento de la ciudad hacia el lado norte, se erigieron dos nuevas Parroquias, la del Buen Pastor, creada el 22 de mayo de 1958 y Nuestra Señora del Carmen, el 15 de marzo de 1964.

Ya, en 1967, por Bula dada en Roma con fecha 28 de junio, el Papa Paulo VI, eleva a la categoría de Arquidiócesis la Iglesia antofagastina, constituyendo una nueva Provincia Eclesiástica integrada por Antofagasta, como Sede Arzobispal, y por sus sufragáneas el Obispado de Iquique y las Prelaturas de Arica y Calama.

Catedral de Antofagasta: De humilde capilla a principal templo metropolitano

Entre 1871 y 1872, se estableció la Vice- Parroquia de San José de Antofagasta, puesta bajo el cuidado del presbítero Juan José Pizarro Mendoza, ex párroco de Cobija. Eran los años cuando Antofagasta contaba con cerca de 3 mil habitantes, los que entre todos juntaron tablas de laurel, techumbres de caña y totoras para construir una modesta capilla, coronada por una cruz, y un rudimentario campanario, en forma de triángulo de acero, del que colgaban dos pequeñas campanas, para convocar a los fieles.

Más tarde, en 1874, con más de cinco mil habitantes, se debió construir un nuevo templo, esta vez fue hecho de madera y panchas de hierro galvanizado, gracias a los aportes económicos de familias relacionadas a las explotaciones mineras de Caracoles. Cuando Antofagasta, fue ocupada por el ejército chileno en 198790, el párroco Juan Pizarro, marchó al Perú, por lo que los servicios religiosos del templo antofagastino, estuvieron a cargo de los capellanes castrenses, Monseñor Florencio Fontesilla y el sacerdote Ruperto Marchant, y de los padres jesuitas, Carlos Infante y Simón Sanmartí. Desafortunadamente, un incendio consumió todas las viviendas de la manzana compuesta por las calles Latorre, Sucre y Prat, por lo que los oficios religiosos se trasladaron a domicilios particulares o escuelas públicas.

Pero, en marzo de 1883, bajo la administración del presbítero Florencio Fontecilla Sánchez y su secretario Luis Silva Lezaeta, se trabajó arduamente en la reconstrucción del nuevo templo, siendo el dinero invertido alrededor de 60 mil pesos, sólo en la etapa final de construcción. Dicho templo, tenía tres naves y resultaba amplio y suficiente, dentro de los gustos de la época, daba acceso al vestíbulo en forma de rotonda saliente, cubierto por una semicúpula, y sobre el atrio se erguía la torre de la Iglesia hasta cuarenta metros de altura desde el piso de la calle. En el penúltimo cuerpo de la torre había un gran reloj, que tocaba las horas y medias horas, así como dos campanas denominadas Florencio Fontecilla y Carlos Infante, en recuerdo de esos pioneros de la Iglesia antofagastina.

Sin embargo, el 15 de noviembre de 1096, un nuevo incendio consume toda la edificación, pero Monseñor Silva Lezaeta, no era hombre para desfallecer ante los contratiempos. Durante tres años, se levantó en el mismo lugar una capilla previsional, de madera y fierro galvanizado, mientras se iba levantando y construyendo a su alrededor el gran esqueleto de la actual Catedral.

Se había determinado que toda la construcción se efectuaría en hierro, piedra, y cemento para evitar futuras destrucciones. Así, la construcción inicial, estuvo dirigida por el arquitecto Miguel Zamora y el albañil Juan Barbará, el gran esqueleto de acero fue fabricado en los talleres de Santiago Orchard. La obra, quedó concluida el 15 de septiembre de 1917, bajo un costo total de $ 777.466.49.

Este templo parroquial, amplio, majestuoso, era en 1917, la Parroquia de San José, que apenas cincuenta años antes, había sido erigida como humilde Vice- Parroquia, dependiente de Cobija. Por eso, cuando el 3 de febrero de 1929, Roma reconoció la mayoría de edad de la comunidad cristiana de esta tierras y creó el Obispado de Antofagasta, la Iglesia Parroquial San José, quedó convertida en Iglesia Catedral, física, material y espiritualmente correspondía adecuadamente a su nueva dignidad.

Texto extraído del Libro Noticias sobre la Iglesia Católica en la Provincia de Antofagasta. De José María Casassas.

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Biografía Monseñor

Nuestro Patrono
San José